

Las imágenes muestran las colas frente a los cajeros automáticos este miércoles 24 de diciembre en el centro de Vilanova i la Geltrú. La escena es habitual a lo largo del año y se acentúa durante estas fechas por el frenesí de las compras navideñas: gente esperando en la acera para sacar efectivo ante la falta de entidades financieras tras el cierre masivo de sucursales en los últimos años.
A la demanda local se suma la de usuarios de otros municipios del Garraf, donde apenas quedan bancos. Vilanova funciona hoy con solo 16 oficinas para una población de 72.000 habitantes que no deja de crecer. El goteo de cierres ha sido constante: de las 53 sedes que existían en la década de los 2000, hoy solo queda menos de un tercio.
La mayoría de los bancos han abandonado los barrios para concentrarse alrededor de la Rambla Principal y la avenida Francesc Macià. En zonas como el Barri de Mar, la Geltrú o Molí de Vent ya no queda ninguna sucursal; solo quedan algunos cajeros. Este vacío obliga a desplazarse al centro urbano para cualquier gestión.
Aunque el pago con tarjeta o móvil es cada vez más común, las fotografías de hoy confirman que el metálico sigue siendo la opción preferida por muchos ciudadanos, sobre todo a la hora de realizar las compras de Navidad en el comercio local.
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