Sociedad Tendencias

Entrevista al psicólogo Enric Soler: «Vivir en Vilanova i la Geltrú ayuda a despresurizar el estrés pandémico»

Desde que la pandemia comenzó hace dos años, los psicólogos han detectado un aumento de la ansiedad entre la población

Tras dos años de pandemia, las personas necesitan más que nunca despresurizarse,  sobre todo porque nuestros niveles de ansiedad andan disparados, nos cuenta Enric Solerpsicólogo relacional con consulta en Vilanova i la Geltrú y Barcelona, tutor de estudios de Psicología en la Universitat Oberta de Catalunya. La buena noticia, según añade, es que Vilanova i la Geltrú tiene unas características especiales como ciudad que pueden ayudarnos.

Enric Soler.

PREGUNTA: ¿Qué es un psicólogo relacional?

RESPUESTA: Es un psicólogo que no concibe el bienestar de las personas o el tratamiento de una persona como si fuera un ente aislado de su red de relaciones. Para simplificarlo, cuando estás con los amigos en una calçotada tienes más calidad de vida emocional que cuando estás con un grupo de gente que no te cae bien. Por tanto, el psicólogo relacional entiende a la persona dentro de su salsa de relaciones. Puede haber algunas relaciones que estén influyendo positivamente y otras no tan positivamente y que en consecuencia están influyendo en su estado emocional.


«Durante la pandemia ha habido un incremento muy sustancial y continuará habiéndolo de psicopatologías»


¿Cómo estamos mentalmente después de dos años de pandemia?

La verdad es que no se puede ser muy optimista. Mentalmente, la sociedad está agotada, impactada, con un gran shock, en un cambio de paradigma. Ese cambio ya se venía produciendo antes de la pandemia, pero no lo veíamos tan claro. Ahora está cada vez más claro que debemos aprender a vivir, convivir, manejar, gestionar la incertidumbre.

Habrá personas con una personalidad más rígida y obsesiva, a las cuales les costará más gestionar la incertidumbre en comparación con otras personas que sean más creativas, acostumbradas a ir aprovechando cada momento y que no hagan muchos planes a medio largo plazo, sino que van disfrutando más del día a día. Por tanto, la gestión de la incertidumbre es el nuevo gran reto de cualquier ciudadano.

Por otra parte, durante la pandemia ha habido un incremento muy sustancial y continuará habiéndolo de psicopatologías. De hecho, han salido ya varias noticias informando que no hay bastantes psicólogos ni psiquiatras para atender toda la demanda. Desde hace años eran los médicos de cabecera quienes estaban asumiendo esto mediante un control de psicofármacos. Pero es que la psicología y la psiquiatría tienen otras herramientas, aparte de los psicofármacos, que por cierto antes de la pandemia ya se daban de una manera exagerada.

Un psicofármaco puede servirte para estabilizarte, pero después esa persona tendrá que cambiar el modo de gestionar su estrés e incertidumbre y ser capaz de poner en marcha una serie de recursos personales. Y todo eso solo se consigue con un proceso de psicoterapia.


«Antes, incluso estaba mal visto ir al psicólogo. Ahora la gente comienza a decir ‘No estoy como quisiera estar’ y no negamos tanto nuestras dificultades psicológicas»


¿Cree que existe un tabú a la hora de reconocer abiertamente con familiares y amigos que la pandemia ha afectado nuestra salud mental?

Cada vez menos. En esto se nota un cambio de mentalidad en la sociedad. Antes, incluso estaba mal visto ir al psicólogo. Ahora, hacer una consulta con un profesional de la salud mental implica cuidarse. Ya se comienza a ver como un acto de autocura y se comienza a valorar en este sentido.

Creo que hemos avanzado positivamente porque ya no negamos tanto nuestras dificultades psicológicas y comenzamos a ser conscientes, como en otros países, de que ir al psicólogo es como ir al dentista a hacerse una revisión. Habrá personas que simplemente realizan un chequeo y otras que hacen una psicoterapia para mejorar su calidad de vida emocional. Hace relativamente pocos años aún estaba mal visto y cuando alguien tenía una conducta algo extraña se le decía “A ver si vas al psiquiatra que estás fatal”. Era algo como despectivo. Ahora ya no, la gente comienza a decir “No estoy como quisiera estar, quiero mejorar mi calidad de vida a nivel emocional, voy a ver a un experto en salud mental”.

¿Una de las razones que ha podido provocar conflictos emocionales durante la pandemia es el diferente modo en que las personas han decidido cómo protegerse ante los contagios, lo que ha podido causar discusiones y/o incomprensiones entre familias y amigos?

Cada persona tiene sus ritmos y su manera de protegerse ante esas ansiedades que vienen del exterior. Encontramos desde la persona que niega la evidencia hasta quien le otorga un valor exagerado. Tendríamos que poder movernos en un parámetro intermedio.

Pero está claro que en un mismo grupo de personas, sean familias o amistades, puede haber diferentes modos de enfrentarse al factor estresante. Estas diferencias, lógicamente, si se ponen sobre mesa, pueden llevar a una discusión. ¿Cómo gestionar esto? Escuchando al otro, informándose de fuentes fiables y contrastadas científicamente, y entonces toma tus propias decisiones de una manera adulta y responsable, teniendo en cuenta también que estamos todos interconectados. Es imposible concebirnos como un individuo. Por ejemplo, mucha gente ha descubierto que ponerse una mascarilla no era solo para protegerse a sí mismos solo, sino que también era para proteger a los demás.

En otras palabras, estamos en un momento en que las diferencias pueden generar debate, que puede ser enriquecedor. Ahora bien, si este debate solo se usa para posicionarse firmemente en una determinada idea, sin ser capaz de tener una apertura de miras y poner en crisis tus propias ideas a priori, entonces de poco servirá una discusión. No tendría que ser una discusión para reafirmar las propias posiciones de cada uno, lo que no conduce a nada, sino un debate constructivo.


«Estamos viendo más que nunca ingresos por crisis de ansiedad, que se pueden manifestar en cualquier momento del día»


¿Qué tipo de problemas han detectado los psicólogos en sus consultas durante la pandemia?

Estamos viendo cómo hay mucha más ansiedad. A veces hay personas que podían funcionar con sus niveles de ansiedad de una manera más o menos bien, con algún momento difícil, pero ahora esa ansiedad se ha desbordado.

La ansiedad se produce porque percibimos la pandemia como un riesgo para el cual no tenemos suficientes herramientas para hacerle frente. Podríamos decir que la ansiedad tiene una fórmula matemática: Ansiedad = percepción de la amenaza dividida por la percepción de los recursos que tengo para hacerle frente. Si el numerador es muy grande y el denominador muy pequeño, la ansiedad será muy alta.

Al tener ahora una pandemia y una guerra cercana, en Ucrania, como factores estresantes tan potentes, y si no puedes disponer de recursos para hacerles frente, a muchas personas se les dispara la ansiedad.

Por eso estamos viendo más que nunca ingresos por crisis de ansiedad, que se pueden manifestar en cualquier momento del día. Llega un momento en que una persona no puede más y entonces su cuerpo se le queja: comienza a ahogarse, a sentir una opresión en el pecho… Solo quien ha vivido una crisis de ansiedad sabe lo desagradable que puede llegar a ser esta experiencia. Probablemente, es la sensación más desagradable que puede afrontar un ser humano.

¿Por qué la guerra en Ucrania, que está a 3.000 km de distancia, puede tener consecuencias en nuestro plano emocional?

Con la globalización y la facilidad que hemos tenido para viajar durante los últimos años, la guerra en Ucrania no es algo que nos resulte tan ajeno. También vemos que es una cultura parecida a la nuestra. Hay elementos comunes, los cuales hacen que nos identifiquemos con esas poblaciones. Nos podemos identificar más con una persona de Ucrania que no con una persona de Siria o del Yemen.

¿El color de la piel tiene algo que ver?

En un proceso de identificación, sí, claro. La gente puede identificarse más con personas caucásicas que con las de otras etnias y, en cambio, les resulta más difícil -y por eso existe el racismo- conectar, empatizar o identificarse con personas de lugares y culturas muy diferentes.

¿Cuáles son las consecuencias de ese mecanismo de identificación con la gente de Ucrania?

Al producirse la invasión hemos podido ser testigos, gracias a los medios de comunicación, que una persona se puede ir a dormir en paz y se puede levantar en medio de una guerra al día siguiente. Si te identificas con esas personas y piensas además que España forma parte de la OTAN, el objeto de discordia, puedes pensar que cabe la posibilidad que caigan misiles en tu propia ciudad. Eso crea impotencia. Y si no puedes hacer nada para evitar un peligro que te amenaza, se dispara la ansiedad. Cuanto más grande percibas la amenaza y más pequeño percibas el recurso que tienes para hacerle frente, más grande será la ansiedad.

De hecho, vivimos en una sociedad productiva que ya de por sí exige mucho a los ciudadanos, con unos horarios a seguir, etc., lo que genera ansiedad. Si preguntas a un farmacéutico cuál es el psicofármaco que más vende, verás que los ansiolíticos y los antidepresivos ganan por goleada. Por tanto, una guerra puede disparar la ansiedad y otros sentimientos como la impotencia, el sentimiento de injusticia, o de barbarie.

Se ha referido antes a una guerra transmitida por los medios de comunicación. También la estamos viendo a través de las redes sociales…

Efectivamente, lo cual potencia el mecanismo de identificación. Además, los mensajes, vídeos grabados con smartphones, etc., nos llegan tal cual. No hay, por tanto, un filtro de los medios de comunicación que nos proteja de la crudeza de esta guerra y de la sangre en directo.


«Las personas tienen la necesidad de despresurizar el estrés pandémico y también el estrés de estar viendo una guerra que ven como algo propio»


¿Y todo esto cómo acaba afectando a nuestras decisiones de consumo y de viajes, aunque estemos a 3.000 km de distancia de la guerra? ¿No puede parecer contradictorio que estemos viendo esa guerra en directo y al mismo tiempo planifiquemos nuestras próximas vacaciones?

No es una contradicción, sino una paradoja, la cual tiene una coherencia en sí misma. Tengamos en cuenta que venimos de una pandemia que ha sido extraordinariamente limitadora en cuanto a las vacaciones que podíamos hacer y que además también ha generado muchísima ansiedad entre la población porque hemos visto muchísima gente morir; un sistema sanitario desbordado; y como sociedad tampoco teníamos los recursos para hacer frente a esta amenaza tan bestia como era la pandemia.

La pandemia nos ha enseñado que tenemos que ser muy versátiles y aprender a reaccionar. Está claro que necesitamos todos unas vacaciones. Esto es evidentísimo. Necesitamos un descanso para poder reposar de este estrés pandémico, y ahora se nos ha añadido la guerra en Ucrania ¿Esto qué dice a la gente? Que si la pandemia te deja viajar, hazlo porque quizás sea el último viaje que puedas hacer, porque no sabes lo que vendrá luego.

Por tanto, aparentemente puede parecer una contradicción que una persona en las circunstancias actuales quiera viajar, pero es que esa persona tiene unas necesidades. Unas necesidades que debe satisfacer. Esa necesidad es despresurizar el estrés pandémico y despresurizar también el estrés de estar viendo una guerra que perciben como algo propio. Si tienes que despresurizarte, aprovecha el momento en que lo puedas hacer porque no sabes si después llegará otra oportunidad.


«Toca redescubrir Vilanova i la Geltrú, tirar mucho hacia el mar que es fuente de vida; conectar con la naturaleza que tenemos muy cerca; estar con gente…»


¿Una ciudad de las características de Vilanova i la Geltrú puede ayudarnos a despresurizar?

¡Y tanto! Tradicionalmente, Vilanova i la Geltrú ha sido una ciudad abierta de miras, una ciudad de mar, que ha recibido turistas y visitantes y, por tanto, ha estado en contacto con otras culturas. Como ciudad, tiene una mentalidad flexible, lo cual te ayudará muchísimo en estos momentos para poder hacer frente a las adversidades. Y también hay que tener en cuenta que en Vilanova hay muchos espacios donde uno puede pasear, tomar el sol, coger energías, desconectar… Somos unos privilegiados por poder vivir en una ciudad así, tanto por su gente como por el escenario. También tenemos una cultura local donde tienen peso específico ciertos actos como el Carnaval, lo que permite que las personas conecten las unas con las otras. La cultura favorece que nos apoyemos los unos a los otros.

Playas Vilanova I La Geltrú. Naturaleza. Ribes Roges.
Playa de Ribes Roges, Vilanova i la Geltrú.

¿Entonces cuál es su consejo para los habitantes de Vilanova i la Geltrú en las actuales circunstancias para superar los impactos emocionales?

Que disfruten de su ciudad como ya lo han hecho los miles de personas que nos visitan desde hace años. Toca redescubrir Vilanova i la Geltrú, tirar mucho hacia el mar que es fuente de vida; conectar con la naturaleza que tenemos muy cerca; estar con gente y sentirse socialmente conectado, no aislarse; no cerrarse en cuatro paredes; fomentar las relaciones humanas y vivirlas; disfrutar de la luz y de los colores sobre todo ahora que llega la primavera, el verde es un color muy relajante, está más que comprobado que un paseo por un bosque o prado rebaja los niveles de cortisol, es decir rebaja el nivel de estrés; también podemos pasear relajadamente por calles peatonales mientras miramos escaparates… Por tanto, aquí tenemos muchos recursos para poder relajarnos, somos muy afortunados. Desde luego, no es lo mismo vivir en un lugar como Vilanova i la Geltrú que en una gran ciudad como Barcelona.